QUÉ CRUEL ES A VECES LA VOZ EN OFF QUE NOS INTERPRETA EL MUNDO, ese susurro familiar que analiza lo que ocurre desde un lugar tan íntimo que le otorgamos de manera natural toda la credibilidad del planeta. Uno asume por decreto aquello que la voz concluye y se deja castigar sin cuestionarse. Para los que tenemos mucha imaginación y demasiadas preguntas, LOS SILENCIOS SON UN BURDEL SIN LEY DONDE TODO CABE... Y ese alter ego, que es infatigable, elabora teorías y conjeturas tan jodidamente elásticas, tan astutamente bien armadas, que uno queda atrapado en un mundo paralelo donde la realidad no existe y gobiernan a placer los demonios. Porque esa voz en algunos de nosotros no es jamás condescendiente y puede hacernos responsables sin piedad del mismísimo mundo. Durante años me acompañaba seguido la voz de una pendeja porfiada que deconstruía premisas desde la fábula del desamor. Aprendí a neutralizarla con abrazos traicioneros que la distraían de mí el tiempo de las cerezas.. Fueron cogiendo relevo otras voces más ó menos atemperadas dependiendo de los avatares del camino, de la amabilidad del clima y de lo que me pesara el zurrón. Nunca he dispuesto de ninguna que me ahorrara rumia o madeja, pero le voy cediendo tribuna a la menos familiar de todas mis mujeres. Esa que crea estribillos con las moralejas y nos invita a todas a bailar desnudas.. No siempre concluye cosas que me den sosiego, pero me deja espacios en blanco para reescribirme, aire entre los renglones... Y rellena con intuición esos dichosos silencios que nunca despeja nadie. Era antes imposible identificar su voz, escucharla…. Me pregunto cuántas veces quedó fuera de juego el INSTINTO intimidado por el volumen de las voces más rabiosas...por su elocuencia.. Cuántas veces batallé inutilmente contra el discurso impecable de la niña precoz que vaticinaba desde la neurosis, ó me dejé abrumar por el talento de la adolescente castigadora que se aprendía de memoria todos los trucos... Cuántas gana, aún hoy, la depredadora que protege con humor su amor desordenado.. El instinto no habla a voces. El instinto discurre, sobrenada, filtra...no se oye… Y a veces de pronto, a pesar del ruido y las trampas del ego, UNO SIENTE QUE SÍ independientemente del vértigo que esa afirmación implique. El éxito es sentirlo claramente sin que “nadie” se atreva a cuestionarlo.




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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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