VOCES COMO LA TUYA

Mi romance con las voces se remonta a tiempos en que ni siquiera era consciente del significado de las palabras. Me afectan, me movilizan... hacen que frene en seco a sintonizar un hilo. Me prendo al dial y entorno los ojos para captar y masticar el registro y el color, el sonido de la gente, los accidentes de su voz. Recuerdo de adolescente lo turbador que fue ir descubriendo de a poco la música que afloraba en los chicos conforme les cambiaba el cuerpo. Me alucinaba esa gravedad repentina, esa flauta travesera mutando a cajón flamenco. Podía sentir en la oreja la densidad de ese sonido nuevo como un soplido a traición. Aún me dan escalofríos las voces arenosas, las voces cavernosas con eco..las voces sinuosas que se deslizan hacia el timpano arrastrando letras untadas de aceite. No siempre dicen algo esas voces, pero admito que les concedo por vicio el beneficio de la duda. Me erotizan los acentos, la elasticidad extranjera, las voces profundas como el aviso a navegantes de un transatlántico, puro tenor bucanero...ecos de tormenta que salen sin limpiar de los sotanos del pecho. Pero no se queda en la gravedad del registro mi oreja inclinada... Hay mil matices. Hay voces que son una nana, pura dulzura, descanso. Otras agitan el trigo, nos arrastran de la oreja, son viento de tramontana, placer, suplicio… Qué poder tienen algunas bocas bien afinadas... Puedo perderme lapsos largos en el charco de una voz fangosa, y hacer un poco el amor con ella a espaldas de su dueño, que no siempre es responsable. En voces como la tuya, yo mojaría pan.