Alguien me dijo una vez que el cine italiano perdió buena parte de la magia cuando el guionista que antes deambulaba necesariamente a pie de calle, empezó a hacer plata y a coger taxis.

Todo lo que pierde suelo pierde esencia.

Me enamoro de la ciudades por su gente, y me enamoro de la gente que tiene mundo, callo y calle.

"Tener mundo" puede ser consecuencia de haber viajado, pero también el resultado de haber vivido a consciencia.

De hecho siento que el verbo "viajar" se acabó perdiendo justo en el momento en que el mundo se convirtió en un trasiego de aviones moviendo gente de una postal a otra, sin más ambición que acumular sellos en el pasaporte como cromos de fútbol para un álbum.

Sujeros impermeables a los que un croma de fondo hubiera solucionado toda su agonía.


No hay búsqueda, ni mirada ni camino, solo discípulos de una religión histérica que ha perdido el contacto con la muerte, y por tanto con la vida.

La vida apesta, sabe fuerte, es como la salvia concentrada de todos los males, o la belleza rabiosa de ese niño desafiante al que miro tirar por tercera vez al suelo, con el mentón erguido, el juguete que su padre le aulla que sostenga...con los cojones y la fuerza que no tendrá nunca después, mil veces sometido, adoctrinado para ensayar la vida desde la ventana.


A los viajeros les sucede el camino, son porosos al paisaje, lo aprenden y lo interiorizan.

No lo miran, lo recuerdan. Porque todos los paisajes del planeta dormitan en cada uno de nosotros hasta que lo despierta un guiño, un cielo, un cuerpo echado a la sombra de la propia cadera, un beso triste en la palma abierta con el hocico húmedo de llorar la despedida...

Yo he viajado millas y tiempo a través de cuerpos que traían consigo un mundo de diapositivas...

Siempre digo que me conozco de memoria ciudades que no he transitado sino de umbrales hacia adentro, experimentando la sales de un hombre consciente y vivido en cuyo centro germinaba la idea misma. De hecho no hay nada más hermoso que habitar a la gente y dejarse habitar por sus recuerdos, besar a través del relato mismo el corazón de un continente...alcanzar desde dentro, la secuencia viva...

esa memoria cruda que cada cual adereza a su manera cuyos ecos sé exorcizar como si fuera un oficio y no un arte.