TUS FUEGOS ARTIFICIALES

Estoy grande ya. Sorteé algunas tormentas. Y de observar aquellos lodos aprendí a intuir las formas del agua que se arremolina hoy a mi alrededor. Suelo adivinar hacia dónde sopla el viento que arrastra las intenciones, la temperatura exacta de esos pasos tibios que no llegan jamás a ninguna parte, las emociones ambiguas que hacen encallar la voluntad firme de amar y el color chillón de la sonrisa que no brota, que no nace, que se invoca, se pretende y se ejecuta sin éxito desde un lugar sin entraña que no puede imitar la vida. Nada hermoso puede forzarse. Es imposible querer a voluntad. Arrecian preguntas ásperas en el colmo de este elástico cielo...preguntas sin vocación, heladas. Preguntas que no elijo, que me eligen. Y se me infectan las respuestas como verdades sin remedio. Estoy grande y sigo en juego...y admito muescas frescas de algunos escarmientos que por bagaje no me corresponden. Tal vez por obstinada, quizás por salvaje.... Me temo que por confianzuda y por temeraria, a veces. Voilá, me sigue dejando perpleja que puedas acabar encontrando insultante la más genuina de todas mis curiosidades, la única que no está sujeta a lo transitorio, a las trampas de la carne ni a ningún otro interés maldito que no sea acercarme como un niño a admirar tus fuegos artificiales.



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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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