TUS FUEGOS ARTIFICIALES

Estoy grande ya. Sorteé algunas tormentas. Y de observar aquellos lodos aprendí a intuir las formas del agua que se arremolina hoy a mi alrededor. Suelo adivinar hacia dónde sopla el viento que arrastra las intenciones, la temperatura exacta de esos pasos tibios que no llegan jamás a ninguna parte, las emociones ambiguas que hacen encallar la voluntad firme de amar y el color chillón de la sonrisa que no brota, que no nace, que se invoca, se pretende y se ejecuta sin éxito desde un lugar sin entraña que no puede imitar la vida. Nada hermoso puede forzarse. Es imposible querer a voluntad. Arrecian preguntas ásperas en el colmo de este elástico cielo...preguntas sin vocación, heladas. Preguntas que no elijo, que me eligen. Y se me infectan las respuestas como verdades sin remedio. Estoy grande y sigo en juego...y admito muescas frescas de algunos escarmientos que por bagaje no me corresponden. Tal vez por obstinada, quizás por salvaje.... Me temo que por confianzuda y por temeraria, a veces. Voilá, me sigue dejando perpleja que puedas acabar encontrando insultante la más genuina de todas mis curiosidades, la única que no está sujeta a lo transitorio, a las trampas de la carne ni a ningún otro interés maldito que no sea acercarme como un niño a admirar tus fuegos artificiales.