TE AMO ES SIEMPRE UNA DESPEDIDA

Muerdo el pan y me preña el sabor pagano del orégano. Lo empapo tanto que me chorrea la oliva entre los dedos. Me corre el aceite mentón abajo y dejo que ocurra. Cierro los ojos. Mastico y me llevo a los labios cada tanto la bombilla caliente. Chupo y trago. Chupo y trago. Me erizo. Trae menta la yerba esta mañana. Trae aire. Podría aullar de placer. AULLO… Me levanto y aullo. Camino en círculos por la cuadrícula, me alivia mover lo que tiemblo. Bailo el placer y me arrodillo. Apoyo mis nalgas abiertas sobre el suelo frío y se empaña la losa. Si supierais...si supierais tan solo que el paraíso está dentro. No sé quién eres, pero te recuerdo. Eres la cruz. Eres la luz que se abre paso como una esquirla tras la persiana. Una cifra desafiando a una letra, una moneda sólida que cae, la ley, un mandato. Eres la rienda que aborrezco, el bocado que escupo, la silla que tiro y el puto dueño de esta grupa altiva que cocea y te recibe no obstante. Quiero cubrirte. Se contrae y empuja mi cadera manifestando una voluntad clara, dibujo en el aire como un perro la trayectoria con la que quiero atravesarte. Es un movimiento pélvico, crónico y ancestral que también hiberna en mí, como la marea, como la resaca, como la obscenidad misma de los astros imantando mi cabeza. Soy Urano. Tus caderas parecen dulces y frágiles bajo mi peso. Quiero embestirte, quiero postrarte, quiero construirte, dolerte, parTIrte, curarte, paRIrte, joderte, saciarte, destruirte, comerte, castigarte, compartirte, escupirte, perdonarte y morir. También matarte. No te conozco, pero te recuerdo. Me galopas y te rindes. Te follo y te pierdo. Tu anatomía dormida frente a mí como un paisaje recién amanecido. Y yo y mi madrugada derramadas a tu lado sin pegar ojo. Nos dejas a solas. Me dejas a solas contigo. Y se despereza el gato. Te miro respirar a ratos pausado, a ratos presuroso, y me asomo a hurtadillas a tu boca a respirar tu aliento y tu ausencia. Repaso tus párpados apenas con los dedos y acaricio la pulpa entreabierta de tu boca agradecida. Lamo por instinto tus comisuras. Me agazapo a tu vera y contemplo extasiada el espectáculo de tus relieves. Sé que duermes como un niño y aterrizo con tiento mi garra sobre tu pecho de águila. Deslizo las uñas afiladas por sobre todas las lineas, espabilo la carne tibia de tus pezones, hundo en ti revoltosas las yemas y tiemblo… descaradamente. Soy un gato hipnotizado por los movimientos sutiles de tu sexo rendido. Lo atrapo entre los dientes como a una lagartija y juego con su vida sin rastro de misericordia. Soy un cántaro de agua. Me mojo la mano y te enjuago las venas. Se tensan como cuerdas tus branquias de pez. Quiero asfixiarte Me lleno de violencia, pero respeto las reglas. Susurro y te agitas, te atrapo y jadeas… se me llena la cabeza de una ternura magmática e infinita que vomito volcanicamente. Trepo sobre nosotros y me adapto como una serpiente a todos los salientes de tu geografia. Hundo el hocico en tu pecho y soplo hacia dentro todas mis humedades…late tu corazón. Arden bajo mi ventosa el cuero y tus costillas… Soplo y avivo la llama. Prende una hoguera y me caliento las manos. Te cubro sin dejar un solo espacio a la intemperie. Te guardo y te escondo de todos, incluso de mí. Me ensimismo en la tarea como si construyera un inmenso castillo en la arena. Soy un niño perdido. Soy un niño encontrado. Un fuerza telúrica levanta por instinto la carne de mi lomo. Te protejo del viento, te como. Me conecto como un bicho ancestral con tu polla encendida y me amamanto de ti alcanzando una paz que no puedo explicarte. Transito el paraíso como una pervertida y me arranco el corazón. Limpio con él el rastro que nos comunica. Te amo, me escucho decir por primera vez. Te amo es siempre una despedida.