Sueño para recordar que nací desnuda, que reí a borbotones con el crujir de las hojas, que caminé confiada los designios de un jardín que no conocía…Bailando por instinto como una niña loca, entre los perros, bajo la falsa pimienta, al borde de la mirada absorta de una madre que había aprendido el miedo pero que decidió no enseñármelo a mí… para que nadara mar adentro sin testigos y atravesara sola las calles del pueblo con mi hermano de la mano.

Sueño para recordar que nunca me sentí amenazada por las ratas, que salté las verjas y agarré los limones…que viajé sola y me sumergí en el lago hasta sentir el fango y las algas rodearme los tobillos. Sueño para recordar que lloré muchas veces por ser grande y fuerte, y que jamás me ensañé con quien podía.


Moriré de amor gracias al fuego que no me asusta y que alimento con respeto cada día. Todo lo que sé estaba escrito en los ojos de alguien y solo observar desde mí me permite escribir mi propia bíblia. Sueño para recordar que esa libertad con riesgos que me contagió mi madre es lo único que me ha salvado la vida… y para recordar que tengo ventaja y que no debe llegar la hora en que no sepa agradecerlo. Me despierto hoy llorando de suerte por entender tantas cosas que nadie me contará nunca. Y agradezco a mi madre por ser la mujer más revolucionaria que conozco. Nunca me previno de la vida y me anima sin descanso a atravesar las fronteras. A veces quisiera abrazar a la niña que fué como si fuera mi hija. Juraría que esa cría vikinga aulló en su bosque los secretos que yo le cuento a mi orilla. Yo solo me tenía miedo a mí...y siento que ya no lo tengo.