Cuidado: Aullar es consuelo pero también es aviso. Un sonido demasiado lúbrico, una belleza demasiado violenta, un amor extremadamente líquido, un color asquerosamente tierno… una estrofa enferma, un ángulo muerto, un sabor baldío, un recuerdo hueco.  El exceso me vacía. Me bebo el sol de un trago y vomito las mariposas. Me arrimo confiada al sudor de las medusas. No me pican los escorpiones. Resbalo en un verso y caigo en la cuenta. Me siento expropiada.  Transito el vértigo esperando como una yonki el chute mundano que me procura trotar sobre la idea mojando el asiento, mirando la tormenta desde el agua, asumiendo el divino castigo de sentir así: como un pétalo, como costurera sin dedal, como las alas de ícaro. Pero cuidado, si me partes me astillo y te corto la melena y la yugular de un solo abrazo.  Lo que TE mata ME alimenta, lo que TE alimenta ME destruye, lo que me rompe me afila. No es tuyo ni mi reflejo. No hay remite, solo un golpe furioso de viento, el mismo anhelo sin nombre, un impulso destetado y eléctrico que me mueve sobre el tablero con la inercia de una guija.  Mi motor es el deseo, el destino que eligen los dedos solo una excusa, una variable. Delante de mí un mundo de señuelos como capotes desafiantes de torero. Embisto. Embelesada embisto. Derrapo en un verso tibio y despierto. Dejo migas de amor en la senda para reconocer el camino. Calculo y aprendo.  Te amaré solo MUCHO, solo TODO, nunca DEMASIADO.


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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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