Cuidado: Aullar es consuelo pero también es aviso. Un sonido demasiado lúbrico, una belleza demasiado violenta, un amor extremadamente líquido, un color asquerosamente tierno… una estrofa enferma, un ángulo muerto, un sabor baldío, un recuerdo hueco.  El exceso me vacía. Me bebo el sol de un trago y vomito las mariposas. Me arrimo confiada al sudor de las medusas. No me pican los escorpiones. Resbalo en un verso y caigo en la cuenta. Me siento expropiada.  Transito el vértigo esperando como una yonki el chute mundano que me procura trotar sobre la idea mojando el asiento, mirando la tormenta desde el agua, asumiendo el divino castigo de sentir así: como un pétalo, como costurera sin dedal, como las alas de ícaro. Pero cuidado, si me partes me astillo y te corto la melena y la yugular de un solo abrazo.  Lo que TE mata ME alimenta, lo que TE alimenta ME destruye, lo que me rompe me afila. No es tuyo ni mi reflejo. No hay remite, solo un golpe furioso de viento, el mismo anhelo sin nombre, un impulso destetado y eléctrico que me mueve sobre el tablero con la inercia de una guija.  Mi motor es el deseo, el destino que eligen los dedos solo una excusa, una variable. Delante de mí un mundo de señuelos como capotes desafiantes de torero. Embisto. Embelesada embisto. Derrapo en un verso tibio y despierto. Dejo migas de amor en la senda para reconocer el camino. Calculo y aprendo.  Te amaré solo MUCHO, solo TODO, nunca DEMASIADO.