Vives agazapado en el dorso de mis días felices, en los fotogramas de mis películas favoritas y en los papelitos arrancados a todas mis libretas. Lates aún en mis poemas, en mis decisiones, en la nuca despejada del horizonte que no me espera y en la penumbra de mis bailes solitarios. Te veo en las camisas estampadas, en la media sonrisa de muchos críos y en el tatuaje de todos los empeines… Te reconozco en las muñecas huesudas y en las formas masculinas de mi propio abdomen... Te veo perderte en una esquina de cada ciudad nueva, en los sueños pesados, en los vapores vespertinos de todos mis mates… Te descubro en las miradas conmovidas, en los paisajes agrestes y en las playas vacías.

Te siento en el crujir de los panes, en los hallazgos dulces, en las risas extasiadas y en el entusiasmo infantil. Me acompañas aún en las cuestas abajo, en el aire agitado que arrastra mi bici, en mis pies descalzos, en los suelos fríos… Te distingo en los giros de algunas bufandas, en los moños mal hechos y en el mismísimo verde. Y vuelves con el eco de tu acento en otra boca perdiéndose en la vereda, con los estribillos de todas las canciones, con el placer de saborear ò el olor de las frazadas calientes. Te encuentro en el gesto de tocarme la boca o en el tacto áspero de la cicatriz de mi rodilla. Merodeas mis madrugadas, las horas muertas, mis celebraciones, las salas de espera, los días vacíos... Te descubro caminando en las sombras desgarbadas, en la placidez de las sombras desnudas, en los llantos emocionados y en todas las lumbres. Eres los zurrones, las chanclas, la piel tostada de todos mis veranos.. las fotografías, la mitad de algunos besos y el fondo de todos los abrazos. Y te siento en mi esquina rota, en la muesca, en esta cojera...en el lugar que pediste, te ganaste y te otorgué. Ese hueco expropiado donde guardo tu silencio y habitas sin ser. Estás en la marea, en mi luto sin muerto, en cualquier destino, en el tiempo. Estás en mí. y estás para siempre SINMIGO.