Sé qué hacer con el AZÚCAR. No tengo dudas de cómo emplear la SAL, sé cómo aprovecharla. Lo que me resulta PERTURBADOR es no poder DISTINGUIR de QUÉ está colmada la cuchara. Naufrago en tu AMBIGUEDAD, no sé nadar en un mar de dudas. Sigo tan torpemente la corriente cuando no le encuentro sentido, que me agoto más rápido que si nadara en su contra. A veces el socavón entre la RETÓRICA y el GESTO es un obstáculo insalvable. Otras, interrumpe tanto el ritmo que pervierte la ESENCIA misma del paso. FONDO y FORMA se miran a los ojos en el espejo y NO SE RECONOCEN. Es fácil juntar letras, doy fé. No digo escribir, que es a lo que aspiro, hablo de agarrar a ojo un puñado de palabras exóticas y combinarlas a discreción sobre el albero. Es FÁCIL torear cuando no eres tú quien sujeta el capote. El DISCURSO puede ser severo parapeto, mero ATREZZO, pura excusa, fluorescencia fugaz, descalabrada declaración de intenciones que ni arraiga, ni brota ni se sostiene.. Lo DIFÍCIL ES PARECERSE UNO A LO QUE DICE, darse un aire al menos, respetar al tendido y no engañarse vilmente encaramado a un personaje muchas tallas más grande. Básicamente porque no se torea con la sombra. Me gusta lo dulce. La sal es indispensable. Ambas sirven, las dos condimentan. Pero confundidas, arruinan cualquier plato. SOSTENER EL SABOR QUE NO TIENES ES IMPOSIBLE. Y no, muñeco, LISTO Y TONTO no se puede.