Siento al mirarte que me resarzo de muchas decisiones torpes, de muchas asperezas.

Dejar que me sucedas suple viajes y estaciones porque justifica los lutos y la mala hierba.

Merodearte reordena lo que no supe hacer, lo que no vino. Ocurre al mirarte que me estorba el cielo y resulto herida en el mismo flanco, boca en mano-brecha abierta, como si no hubiera habido bautismo ni yo conociera de sobra las consecuencias de amor. Me largo a llorar con el primer dolor de tu sonrisa, que me alcanza justo ahí donde la entraña ya no puede defenderse...y cede y se rompe y filtra y acoge y vibra y se prende y germina y brota en un arrebato tan poderoso... que uno simplemente se rinde.