LLevo semanas enredada en un nudo, uno de esos entramados sólidos que ejecuto con proverbial maestría.

Las excusas son como anticipar un dispositivo de arneses de sujeción ante el riesgo de caer, cuando sabes de corazón que no vas a atreverte a saltar.

Me he levantado 4 veces para hacer cualquier cosa hasta llegar a este renglón.

Ha transcurrido un mes completo desde que me senté a escribir por primera vez.

Un impulso mucho más fuerte que el deseo me ha distraído sin embargo de mi intención, de continuar.

Pero esto que confieso no explica la causa, solo describe la consecuencia.

Siento que tengo que desmenuzar mi historial bajo una lupa para justificar mis incongruencias, no para que me entiendas, sino para compartir al menos la densidad de algunos fangos que atravieso desde que camino.

¿Alguien por ahí con lodazales en la cabeza? ¿alguien impuro? ¿alguien imperfecto? ¿alguien consciente de sus contradicciones? ¿Alguien con la llave en la mano que no quiera abrir la puerta?

Quizás alguno de vosotros sienta conmigo la náusea que precede a la purga, el nudo caliente en la garganta, la piedra en el pecho, la duda incesante, la DUDA, ese cuestionamiento neurótico que no te ama, que te increpa, que te enjuicia y te condena, sin testigos, por decreto.

Tal vez alguien aquí haya experimentado el vértigo del derribo, la orfandad de respuestas, lo insano de acostumbrarse, el SABOTAJE, el sabotaje salvaje, la soledad íntima del que se sabe responsable de su propia vida, la sed de silencio, la hambruna de tiempo muerto que tiene un alma hostigada por el ruido del mundo superpoblado que hospeda…

¿Te reconoces en la agonía de convivir con tu propia suerte? tan insolente, tan cercana, tan tuya y tan intacta como una copa de vino de la que no bebes por miedo a dejar la huella?

No te cansas de encubrirte? de no perdonarte? de dejarte sobornar por la habilidosa culpa, tan plomiza para el alma evanescente como ligera de cargar?.. por plegable, por flexible, por las cualidades infinitas que tiene la culpa para acompañarte sin descanso como un lazarillo…?

Se me olvida hasta el verbo, cómo era…?

Van tres vasos de agua y un paseo a por manzanas hasta escribir “escribir”...

Cómo se dice? en serio...Cómo se busca un verbo que no empleas? Pausa.

Me viene “concederse”, que es como una versión caritativa de lo que quiero expresar.

Ni las palabras me asisten.

Me ayudas?...

¿Sabes cuando te alejas abatido pero colmado de excusas de aquello que anhelas?

Entiendo al que no lo entienda. Aquellos que persiguen con ahínco y perseverancia su sueño, pueden despreciarme sin atajos. Me la banco con soltura. Nadie ha habido conmigo más despiadado que yo. No se elige esta carencia, no tengo tan mal gusto.

Solo sé que me escuece desde que tengo recuerdo.

Y, mientras otros celebraban la infancia, se fumaban el primer pitillo, elegían la carrera, se maquillaban el desperfecto, miraban de reojo, le echaban huevos, luchaban, lo alcanzaban o se estrellaban, autocomplacientes o atribulados...yo bregaba con aquel cansino lodazal porque estaba de Dios, sin más.

Sin victimismos ni estoicismos, con la lúgubre resignación de quien no identifica la pieza que pervierte el mecanismo.

Y te ves en 1° de abrazar cuando la peña se está sacando el carné, a mordiscos con tu intimidad, mientras tus amigos se arremangan, saltan, gozan, follan, se emborrachan, se equivocan, se redimen y... Amén...

Permaneces paralizada por algo que no tienes ni puta idea de lo que es, que no se llama de ninguna manera que puedas nombrar, que te avergüenza precisamente porque no se ve, como un secreto infiel cuyo soborno admites como el aire al respirar.

Es como una inseguridad orgánica y estructural que te hace quedarte en el umbral de todas las puertas.

¿Cómo se explica, dónde arraiga, qué la alimenta, cómo la combates, justifica el fracaso? Porque el único fracaso consiste en no llamar a las puertas.

Cómo explico que mientras la pubertad me convirtió a la fuerza en el destino recurrente de miradas sin gobierno, yo estaba aún cruda, desordenada, sin herramientas, vacía de las mujeres que aún hoy aprenden a gestionarlo.

Cómo explico que he tardado muchas vidas en mirarme sin desdén al espejo, y que me sigue costando mucho no exigirme ser lo que veis, sin verlo yo...?

Hay niveles de autoexigencia que te hacen impermeable a los halagos. Si bien por un lado los agradeces con toda la humildad del mundo, también hay una suerte de arrogancia que te impide recibir y filtrar opiniones positivas que choquen de frente con tu propio criterio.

Y no pretendo que entendais la tara, ni la paradoja. Cada cual con su pedrada. Solo intento compartir un sentimiento muy arraigado, compañero de derrotas, que hace que no pueda...que no sepa..

Sigo sin dar con el verbo.

No es una licencia poética ni un juego literario. Ya son horas. Pausa.

Escribo desde niña. Escriboteo por puro placer...como quien lee, como quien fuma…pero también como quien come, duerme, caga y respira, por necesidad ordinaria, sin poderme contener de observar, describir y de explicarme. Empecé con la letra casi ilegible de un parvulario. Mis cuadernillos primeros reflejaban la intención de contar incluso sin disponer aún de herramientas. Seguí escalando líneas, juntando ganas, descubriendo que la escritura era una purga, pero también un malabarismo...describir con detalle lo que no existe, nombrar lo que no se ve…

el milagro de que unas letras, apenas, puedan sostener algo inmenso que no quepa ni en tu habitación ni en mi pecho, captar las sutilezas, tejer lineas que CUENTEN más de lo que DICEN...construir un vasto universo paralelo o deleitarse con ese insignificante gesto cotidiano que todos compartimos y que, aislado y descrito, alcanza una categoría distinta, casi misteriosa, precisamente por profano y por tan nuestro.

Escribir es huir y rescatarse al mismo tiempo, y convidar al otro a descubrirse en tu huida, en tu rumia, en tu conclusión. Tengo muchas ganas de llorar. Estoy sentada en la cocina, sentada frente a este ordenador viejo, intentando explicaros por qué... y no me sale. Pausa.

He llorado. también me he levantado a almorzar. Sé que quiero caminar hasta desfallecer para no pensar, para no rendirme, pero tengo platos que lavar. Casi nada es lo que parece, pero no siempre es peor.

La palabra no brota, es terrible.

Quiero referirme al verbo reflexivo que condensa aquello que favorece que reconozcas y desarrolles naturalmente tus capacidades y destrezas..

Me refiero al dicese de las personas que se conceden sin culpas extemporáneas aquello que quieren y necesitan, que se permiten ser, confían en sus cualidades y sienten que merecen las oportunidades o éxitos que eso tenga como consecuencia...

Hablo de la condición que les permite atreverte, creer en ellos, confiar en sus aptitudes y sentipensar que ofrecen algo digno, sin juzgarse, sin sufrir, aceptando imponderables...

Me refiero a ese misterio que hace que la gente lo intente sin descanso, con una perseverancia y una fé inasequibles al desaliento, sin cuestionarse, sin poner en tela de juicio su talento…


¿Sientes vértigo?


¿No te pasa que quieres ser de esos pero no sabes cómo se hace porque crees que... se nace?


Porque cuando se trata de tus capacidades el debate se encona, y te cansas y vuelves a dejar pasar el tiempo. Y pasa la vida...y no eres más que un amasijo de libros sin publicar, de personajes construidos al detalle muriendo antes de nacer, de bailes solitarios en una habitación y canciones caducando en un papel...por miedo a parir….por miedo a parir... Por miedo a nacer?


Vaya….lloro….lloro de forma que ya no veo la pantalla. Pausa.