NO ME INTERESA DE TI NADA QUE NO SEAS TÚ

Es indestructible el cielo que me aplasta y que me ampara dependiendo de en qué orilla me despierte. Es eterno y fabuloso este consuelo azul en el que pierdo el paso cuando no hay rastro bajo mis pies de la senda construida.

"¿Dònde tendrán la orilla..?-me pregunto mirando algunos ojos vacíos. Ni rastro de profundidad. Solo discurso.

Me aupo a las cornisas con las pupilas ávidas de aire y trepo con el motor de las tripas todas las fachadas donde el sol se posa. Me cuesta el suelo, no siempre. Pero a veces no lo entiendo ni me gusta. No me interesan las cuestiones peregrinas, las contraseñas, los curriculums, los protocolos, los formularios, la mayoría de los datos con que se perpetran los rituales de presentación...

“Cómo te sientes? ”- me asesta sin más mientras cruzamos a buen ritmo la plaza mayor.

No nos conocemos de nada, aún no sé su nombre siquiera, pero acabo de convidarle a caminar conmigo después de sentirle a mi espalda amagando un rato.. pura y simple energía silenciosa y anhelante soplándome la nuca, buscando excusas para hablar.

Su tono tiene una seriedad muy hermosa, diría infantil. No hay rastro de candidez sin embargo en su mirada. Se intuyen batallas épicas en este paisaje. Cruzadas intestinas. Viajes. Pienso acto seguido que no me caben los semaforos ni la sarta de excusas que contienen al mundo de dejarse llevar y comunicarse. Solo quiero alimentarte y comer, meterte los dedos en la boca y buscar el hilo crudo. No tengo preguntas, solo ganas. Me río a carcajadas haciendo un alto en el camino. “¿Que cómo me siento preguntas?" aún no he sacado mis manos de los bolsillos.

“Sí, cómo te sientes?”-insiste sin pestañear.

“¿Y tú?, ¿cómo te sientes tú?”-le pregunto divertida.

“Muy bien”- contesta triunfante con una sonrisa que se abre como un estuche ocupándole de pronto toda la cara. Descubro en su gesto una espléndida puesta de sol.

“Y sé que me siento muy bien porque me he sentido muy mal” añade. No necesito saber su nombre. Continuamos el paseo desvistiéndonos a cada paso sin la menor diplomacia.Para cuando nos concedemos el primer café estamos ya practicamente desnudos el uno frente al otro. Los nombres no llegarán hasta después, para coronar, tal vez al despedirnos. Me gusta la gente que sabe caminar desnuda, que se muestra y me deja mirar, que comprende rápido. Suceden verdades que no pueden compararse con nada cuando la gente se atreve. Nos abrigamos las desnudeces con verdades maravillosas que nos saben a puta gloria. Sin aderezos ni pamplinas, sin temor ni más vocación que acercarse un poco más al origen, al meollo... a esa viscera sin nombre que soy capaz de reconocer al tacto, ese punto latente que siempre acaricio, con el que me sincronizo y me hermano para siempre jamás. No sé quedarme en la superficie.


No me interesa de ti nada que no seas tú.