Tiene algo de grotesco que viva mi vida sin perderte de vista, buscando en otros hombres conversaciones que aún me inspiras y que nadie encarna. Me asedian niños con lengua de trapo, criaturas dulces, jugosas y tibias como una noticia amable...y me siento un poco vieja, entretenida solo a medias por un candor que no encuentra eco en mí. Me aburren los impostores, no me seduce lo que no respira, añoro la realidad. Y me siento impar de la raíz a la copa… No sola ni aislada ni excluida ni distinta, solo impar...como si en mí habitara un coro de voces de mujeres regias y vividas que reclaman que me esmere, que luche y que me atreva, que me viva y que derrape, que hable sola sobre los mundos que escribo... Que aspire a despeñarme en alguien que vuele en su propio idioma. Mis mujeres me enarbolan como el ejemplo que no soy y yo me siento impelida a corresponder, a brotar de mi propia semilla con todas las oscuridades, sin censuras que embellezcan en vano la turbiedad de esta niña despierta. Mis mujeres me piden que exprese, que desee y pregunte, que no mida, que pronuncie lo que entiendo sin temor a no ser comprendida por todos. Que todos es nadie en el fondo, que alguien es uno… y uno puede ser suficiente si la pregunta siembra una respuesta. Mis mujeres reclaman hombres desnudos y habitados que sepan dejarse preñar por unos ojos impares, sin chinchetas en los huevos, sin ese gesto impostado de hombre haciendo de hombre en una función parvularia. He visto a hombres habitados quedarse petrificados de admiración ante la cáscara, enmudecidos ante la carne esplendorosa, seducidos a dos pasos insignificantes de la entrada al puto paraíso; ese infierno indecente donde mis mujeres bailan con las ideas, descabelladas o mansas...locas, tiernas o sagaces...ese cielo en tierra que es un polvo sideral de cráneos rellenos de pulpa. Vengo de amores épicos que languidecieron a la orilla de una falta, una falta acaso infantil, acaso ponderada, pero siempre flagrante. Nunca aquel hombre suficiente conversó con todas mis mujeres...y quedó siempre a solas mi mujer más intrépida Hay una mujer en mí desafiante que solo se alimenta de tu silencio elocuente, de lo que no dices, del secreto hermoso que escondes, de tu intimidad misma, que no es la mía. La mujer sin fondo te mira como un hombre… porque mira sin vértigo a la mujer que llevas dentro.



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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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