Mis abuelas eran las antípodas la una de la otra. Una ordenada y pulcra hasta la patología, la otra desordenada e inescrupulosa hasta la parodia. Yo soy mis antípodas. Tiendo al desorden. La lucha por poner orden es constante. Hay un placer morboso en la cama dispuesta, en los platos recogidos, en el ropero organizado… Me alivian secretamente los objetos apilados a conciencia, estudiadamente dispuestos y encaramados en las estanterías, las coreografías de libros... Solo se me resisten los cajones. En los cajones estoy yo con todas mis contradicciones. El caos, la culpa, la impotencia, la pereza y los secretos revueltos a presión bajo un mundo de manteles inútiles y servilletas, por entre los zapatos sin pareja, desperdigados entre las horquillas, las pomadas, las tiritas y los recuerdos... Tiendo al enchastre, a las superficies desbordadas, a quebrar el hilo fino que me prende a la realidad. Y a veces siento que es mi abuela Beatriz la que se agacha dentro mío a alinear los zapatos, la que interrumpe mi ensimismamiento para que limpie y ordene esos platos que a mi no me molestarían unas horas más rezongando en la pila, la que se hace presente cuando acabo pasando la fregona por esta guarida minúscula.... Es su vida estrecha la que se entromete cuando todo es relajo.  Tambien me da por pensar que es la vida soñada de Eila, la abuela del norte, la que me hace despeñarme en los libros abiertos...que es más su rastro que yo misma el que se olvida a conciencia de todo lo perentorio, que es su huella la que me despista de lo concreto para perderse en abstracciones. No las responsabilizo, pero trato de exorcizarlas consciente al extremo de la impronta que heredamos los unos de los otros de la raíz al brote..como retales, como parches, como ecos de otras vidas complejas ó simples que sucedieron un día y que heredamos como coordenadas de esta peripecia presente a veces tan vacia de uno y tan llena de otros. No las responsabilizo, pero las siento a ratos habitándome en las decisiones y en los gestos, como un torbellino dentro mio. Y las entiendo como entiendo el miedo y el dolor, como entiendo y persigo el placer, como entiendo el alivio del orden y la libertad que anida en los minutos sin norte...lo que sigue y lo que no quiero, lo que enmendaría el desorden y lo que me hastiaría hasta la nausea en ese orden conquistado. Siempre soñaré con pasajes prohibidos mientras dispongo primorosamente los cojines..incómoda con los márgenes angostos de la propia vida, que siempre es UNA y nunca es todas. Siempre seré la que se mece en la butaca con el sueño interrumpido, excéntrica y adulterada...inmersa en la página sin fondo de la vida contigua, rehén de un bosque silencioso donde nada se interpone entre nosostros salvo nosotros mismos. Y cada día con más escrúpulo estirazaré las sábanas, y crecerá el esmero con que alineo los vasos...Y Beatriz se agachará con mis rodillas a retirar la última pelusa distraída, concentrada en despejar de dudas el mundo plácido de las convenciones... mientras ella y ella y también yo nos retorcemos dentro, furiosas y desesperadas, aullando desesperadas en un bosque silencioso donde solo las escucho yo.