Arranco en sueños la postilla y me ensaño un poco con la herida cruda. Las tomas a tierra son explosivas. Tengo rastros de amor esparcidos por el cuerpo como salpicaduras de un crimen.

Me pregunto si me duele y no lo sé. Hurgo en la grieta mientras despierto del todo. Tanteo morbosamente los bordes y hundo la uña en ese vórtice de carne que me conecta con la realidad. Tengo una sensación etérea que no puedo describir. Solo existe lo que se nombra. No siempre distingo el miedo del amor, ni el amor del hambre. Hay mensajes sin abrir en la pantalla. A veces soy tierra húmeda y hueca bajo el peso de los pasos y la lluvia….otras soy impermeable como un puto chubasquero. Alguien desconocido me acaricia con palabras y me siento culpable. Alguien me lanza letras desquiciadas al pecho con una intención tan de plástico que me asusta, y palpita mi culpa en su tumba abierta. Agradeces un abrazo que nos sucedió hace días, y de pronto me miro la esquina rota. Siempre queda algo de mí en los abrazos que abandono. Acaricio mi costura. Me he despertado viva y trato de asimilar una muerte que ha ocurrido mientras yo amaba, entre mensajes, entre conquistas.. entre derrota y derrota.

Me pilla la vida entre vapores y me zarandea sin remilgos...¿o es la muerte? No reflexiono este llanto, solo lloro en sincronía, es un llanto reflejo. Miro los restos de deseo en las palmas de mis manos; están enchastradas de TODO eso que no puedo limpiarme. Dejo mis huellas desperdigadas en todo lo que toco. Chupo mi dedo corazón y soy más mi lengua que mi mano. Estoy viva. No sé puede estar más viva. No sé bien a qué viene la muerte esta mañana. Miro mi esquina rota. Sé por dónde entra el aire.