ME SACUDO COMO UN PERRO TU NOMBRE

Así como de la nada, como de la puta nada BROTA entre dos palabras la idea de tu lengua. Acabo la frase conteniendo el aliento, sorprendida por la vitalidad con que se impone sin permiso un recuerdo involuntario. Él contesta lo que sigue mientras despego cabeza adentro hacia donde no se puede. Me aterriza por la espalda una ocurrencia pastosa con temperatura de vientre. Prende esa mecha columna arriba. Hiervo. Aprieto los párpados para regresar, para rescatarme, para ser capaz al menos de decir algo que sirva, para ser y estar aquí donde se me espera. Hablo cualquiera, resuelvo. Buscando anclajes, sonrío y sorteo como puedo el disparate imaginario de tus manos. En pleno aterrizaje me interrumpe de vuelta el sabor exacto de tu boca abierta. Salivo y trago, contesto y suspiro. Me sacudo como un perro tu nombre. Añado algo concentrando la mirada en los ojos lindos que me observan y me hablan. Añado frases como leños a un fuego que no calienta. Maldigo la insolencia del fantasma que no invoco y que cada tanto llama a esta puerta invadiéndolo todo de ganas de ti.



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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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