Trepo VIDA ARRIBA

como una madre selva,

y me dejo ATRÁS

como dejan atrás

su vieja piel

las serpientes.


No soy YA la misma,

Soy la siguiente, la que brotó de mí con el JALEO...

la que nace de vuelta con los cambios que no decido

y con los que, a consciencia, provoqué.

Estoy brotada de la raíz a la copa

y NO me quepo ya VIVA

en el cuero de otro tiempo.

No me calza a estas alturas

aquella antigua cicatriz.


Soy la misma OTRA,

la que emerge y se aupa

trepando sobre SU propia espalda para alcanzar ese sol que se resiste...

La que cambia de color con los otoños y rinde cuentas en abril.


Me DEJO atrás y me ALCANZO JUSTO en el mismo momento.

Me tomo el RELEVO con lo puesto:

vacía, desnuda y pronta.

Más entera, mejor armada.

Así es la metamorfosis de la mujer que sostengo.


Me siento dueña solo de los pasos que voy dando, procuro honrar el suelo que piso, respetar de antemano el que caminaré.

Se me va quedando extranjero todo lo que voy dejando, y solo me siento en casa en este preciso instante de salvaje incertidumbre, de movimiento constante, de insensata sensatez...


Celebro hoy el bautismo de este cuerpo que me asiste sin descanso.

Porque es un cuerpo en el que la vida ha dejado su bendita huella.

Me alejo tranquila de todo aquello en lo que no me reconozco.

Broto de vuelta.

Aquí estoy.


Solo me siento hermosa y habitada cuando, desnuda de aderezos,

me admito en el trazo IRREGULAR

y en la frontera, siempre flexible y relativa, transformándome sin tregua.


SOLO YO se conserva intacto.

Y esa es la mayor de las paradojas de las que puedo dar FÉ