LO QUE MIDEN LAS SECUOYAS

Murieron una a una todas mis pecas aquel día y crecí en un año lo que miden las secuoyas. Alcancé la cima del desconcierto y bajé rondando hasta las faldas de una nueva vida. La lección fue dura y la moraleja amarga. Los ojos son a veces espejismos y las promesas hojas caducas que el viento se lleva. Siento amor de cachorro que trota junto a su hermano, eso no lo borra ni el silencio ni el destino. Te entregué mi geografía como cobijo y aquí sigue habitando tu fantasma...porque soy una ventana abierta. A veces te pronuncio como si nunca te hubiera conocido, pero las letras se ordenan solas reconociendo tu nombre. Me refugio cuando llueve en mi idea de ti… Y doy brazadas infinitas en los ojos pequeños más grandes que he conocido. Te concedo aún suspiros de primavera, de amor inclemente y obstinado que el tiempo no estrangula ni acaba…amor de peces, de sangre, de críos, de semilla, de luces sin carne que se reconocen a lo lejos. Y me concedo como apósito un abrazo que no llega porque murió en la otra vida con mis pecas y mi suerte. El abrazo de dos juncos que se mecen suavemente sin perder el equilibrio, consolándose los miedos e intercambiándose el horizonte el tiempo que haga falta.