No es fácil.

Es inevitable resbalar a ratos y caer de boca en la tentación de pensar en la suerte, en su ausencia, en la posibilidad de que se escape para siempre de aquí y de mí, de esta escena surrealista donde nada sigue una lógica aparente.

Confieso que, a ratos, el pánico me sacude con tanta fuerza que SOLO siento el cuerpo. Desaparezco de mí. Me interrumpo. Es como si de pronto toda mi vida estuviera cogida con alfileres y cualquier movimiento implicara sentir un puñado de puntas. El aire se espesa hasta el punto de que respirar atraganta.

Atrás quedó en principio la lucha a vida ó muerte, la tensión diaria de perderle entre los vapores de la inconsciencia, el asqueroso olor de la asepsia, la carne inflamada en torno a las vías, el único puré, la luz fría, la crueldad fluorescente de algunas manos, de algunas miradas, de aquella boca sin piedad que nos condenó a muerte.

Nunca había vivido un éxito de esta magnitud con semejante angustia.

Quizás porque ahora comienza la vida que nos queda, la vida a secas con todas sus trampas y un millón de recursos menos.

Ni rastro en este salón de la vida esponjosa de ANTES…

Aquel coche abatió en el acto un universo de ideas...todo el sustento de un hombre maduro, su personalidad concreta cocinada al fuego lento de toda una vida de roces y logros...

Sobrevive escualido el anciano que hubiera sido muchos años después.

Eso siento. En dos minutos arbitrarios de puta mala suerte volaron 10 años de posibilidades.

Acaso.

No solo desapareció buena parte de la experiencia atesorada, también quedó seriamente comprometido el goce, la capacidad de aprender aún de lo venidero.

La lucha se centra ahora en combatir la fuerza con que la tristeza se impone apoderándose de un hombre que asume a duras penas el trance...incapaz de entender los límites de esta vida extraña a la que está despertando. Cuando has olvidado o no entiendes las causas, es mucho más difícil aceptar las consecuencias.

Tampoco yo lo acepto. Tampoco yo soy un ejemplo de estoicismo y entereza.

También yo me desespero y sufro indecibles crisis de angustia que no sé eludir, de las que no aprendo.

Resbalo y caigo de boca en la tentación infantil de sentirme castigada.


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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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