Hay lugares en los que la mente es capaz de construir una infancia, lugares que uno añora desde antes de haberlos conocido, espacios concretos en los que uno respira. Hay lugares que nos conceden tregua. Gente acantilado. Gente horizonte. Gente sin puerta, dobladillo, esquina o discurso. Gente abierta, diáfana y luminosa cuya mirada siempre saluda y acoge, a la que atravesar sin restricciones, ni peajes...GENTE QUE SE CONVIERTE EN CAMINO. También existe el muro obstinado con el que estrellarse hasta el aburrimiento, criaturas estrechas en las que no se puede bailar. Hay lugares y gente, sí. PERO NO HAY CONFORT MAYOR que el que nos procura el AMOR PROPIO.

No hay PAZ más duradera. Porque No hay DESCANSO mayor que dormir a pierna suelta a la LUMBRE de nuestro PROPIO FUEGO, arropados por esa seguridad que solo se conquista adiestrando a los demonios, reconciliándonos con la sombra y gestionando esa guerra intestina en la que tanta energía se nos va. Nada más útil que aprender a construir sobre la duda, asumir la elasticidad de todos los cimientos y entender que nada hay más sólido que el amor que uno mismo se concede, porque ESE es el único que uno puede regalar: incondicional e inagotable. NO HAY ABSOLUTAMENTE NADA QUE NOS PROTEJA MEJOR DEL MUNDO QUE AMARLO. NADA MÁS ÚTIL Y ACOGEDOR PARA OFRECER A LOS DEMÁS que ese espacio sin límites donde se gesta LA PAZ CONQUISTADA. La mayor de las sabidurías es aprender a protegerla de las inclemencias y las vicisitudes, alimentarla sin descanso.. Hacer hogar. SERLO. Hay días en que soy una inmensa avenida, y es ahí que me percato de las infinitas posibilidades. Somos habitantes o exclavos de nuestro templo. Exploradores o rehenes de nuestra propia vida. Somos el espacio primero que nos es concedido y ese destino último que descubrir, conquistar y hacer habitable. A veces quedo atrapada en las costuras de este cuerpo que teclea y se confunde, hasta que encuentro la salida que no está sino de puertas para adentro. Descubro dimensiones que hacen de mí una bahía infinita, y sé que correr y respirar sobre esa arena es lo más bonito que te puedo ofrecer.





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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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