BENDITO EL TORBELLINO aquel que nos distrae de la muerte, benditas sus fauces calientes, la bravura de sus aguas, la rendición y el delirio.

Benditas la guerra y la tregua de amar, el colmo del placer y su desgaste. Bendita la sal del encuentro, la reyerta, el consuelo de saberse a todas luces vivo mientras te desangras lentamente de amor y otros demonios. La pasión es la única batalla a cuerpo gentil que tiene SIEMPRE dos ganadores. Y puedo decir a estas alturas que he ganado.

Porque he amado bravamente con la urgencia y el arrojo que me impulsan a comer como si de amar fuera la cosa y no hubiera mejor trofeo ni verbo que merezca más la pena.

Os invito a amar, a hacerlo, reivindicarlo, a derrapar, a follarnos tiernamente y a destajo como si no hubiera otra manera de burlar la melancolía de sabernos fugaces, de sabernos breves, de sabernos muertos.

Cuidémonos bien del amargo y su letanía, del ladino y su represión, del intolerante y su ignorancia...

Velemos por nosotros y por el espectáculo de vernos flotar por sobre la mueca gris de los que no sueñan.