LA MUSICA DE TU ACENTO

La música de tu acento me traslada al estrecho, a las dunas, a los rincones inhóspitos de la zona militar. Vuelvo sin moverme a los bosques de pino enterrados en aquella arena como harina que, al caminar, nos acariciaba los empeines. Veo desde mí la silueta de Tanger en los días claros, las casuchas y los chamizos donde apurábamos las noches de verano con aquellos ponchos ligeros sobre la piel desnuda...y siento aún el deseo prendiendo en la oscuridad cerrada para alcanzar con nosotros la madrugada fresca y estrellada del sur.

Regreso sin esfuerzo a aquellas tardes dilatadas a placer, repantigados a dos pasos de la orilla...y a la inercia que conservo de amar sin reglas en todos los rincones y en casi todos los párrafos. Frente a mí, ahora, las parras, las puestas y el color encendido del levante sacudiéndonos en el acto cualquier tontería. Son las tres y pico de la mañana de hoy, a millas y siglos de aquella postal, y voy a dormirme al arrullo de un beso antiguo. Un muerdo remoto y caliente como la arena en agosto que sucedió una noche sin sábanas, tierra adentro, entre encinas y cerdos, al otro lado de la tela ondulante que separaba las estancias de una choza encalada rodeada de grillos...con Tracy Chapman de fondo mezclándose con los sonidos del campo y de la noche. Vuelvo a nuestros cuerpos desmayados y tibios sobre un lecho crudo, sin aderezos.. espartano como las liebres o el tomillo, borrachos de tiempo y de vida.. Y cierro los ojos con el estribillo de aquel beso antiguo y extranjero que me descubrió el sabor de algo que sería para siempre mi plato favorito.