La mirada noble del anciano me conmueve.

La mirada asombrada del crio me enternece. La mirada pícara del chaval me divierte. La mirada del tipo aterrizado y consciente me emociona, me estremece, me prende el vientre y la sesera. La mirada del tonto a las tres me la paso por el forro de los huevos que él no tiene. He dicho. Mis padres se OLVIDARON A CONCIENCIA de explicarme que, como mujer, puedo SER dependiendo de lo que un hombre como espectador decida. Olvidaron a propósito mencionar que puede contemplarme un craneo despoblado y convertirme en un elemento pasivo, un detalle del paisaje: Bella ó no dependiendo de lo que su juicio arbitrario decida... Provocativa o indeseable en función de las emociones que mi presencia despierte.. Obscena, irresistible o insignificante dependiendo de si el tipo que me juzga se siente persuadido, indiferente, tentado ó ninguneado por mi ( desde su subjetivísima perspectiva) Siempre hay tipos con el circuito corto que se sienten aludidos. DESCONOCIDOS sin onda que jamás te ahorran su peregrina OPINIÓN. Al gilipollas le da igual que yo camine a mi soberana bola, ensimismada y ajena a cualquier pensamiento intruso que mi cuerpo pueda Invocar. La bestia sentencia a voces; humillando o perdonándote la vida. Y a años luz de esa mirada embrutecida queda el guiño inteligente, el juego sutil y el mutuo reconocimiento. La clase se transparenta. La sensibilidad se asoma sin esfuerzo a los ojos curiosos de un hombre completo. El hombre habitado te mira de frente y se reconoce.

Juega en la misma liga y asume las mismas reglas. El respeto mutuo genera un espacio flexible en el que dos adultos se desafían, se guiñan o se interpelan en un baile espontáneo sin escalones. Como siempre, en la radiante sutileza está la clave que distingue los caminos. Agradezco por cierto, el despiste CONSCIENTE de mis padres. Me permite caminar aguerrida con mi penacho de ideas y bregar con los bichos sin quitarme el sombrero.