GENTE INTRANSITABLE

Yo era chica... Una era chica y los adultos, inmaduros...personas escacharradas por el miedo a ser, a no ser.. a no llegar. Una era chica pero sabía tela marinera de los límites y los vértigos. Me fascinaban y asustaban ya entonces las criaturas absortas...y merodeaba a los mayores buscando vestigios y respuestas. Aliento. Me aterraba ser descubierta, no ser querida, entender demasiado, tropezarme, el rechazo, el deseo...la realidad con sus vórtices repentinos e incontrolables, la textura del dolor ajeno y la desesperación fétida e inabarcable de los adultos.. sus enajenaciones y las mías... Recuerdo sentir compasión por los perversos y odiarlos sin límite también. Amaba y me refugio en el recuerdo de los domingos vespertinos, sola y despierta en una casa dormida, repasando las repisas, las enciclopedias, los cajones y las fotografías... los pijamas sin elásticos, los desayunos extranjeros, la esperanza y el confort relativo de sentirte en el preámbulo de todo. Detestaba y detesto el pudor radiactivo de las personas plagadas de escrúpulo.. las habladurías y las maldades... Recuerdo la torpeza de aquellas señoras grandes cuchicheando ante mi presencia minúscula, la brutalidad de aquellos adultos sin perspectiva...

y mis 6 años refugiándose de la mezquindad sin edad de aquellas villanas... Supongo que no eran malas en el estricto significado de la palabra, solo eran tipas ciegas, adultos sin fondo ó sin terminar, incompletos.. tal vez embrutecidos por la falta de recorrido. Concluyo que no todo el mundo puede entender ciertos desamparos de la plácida infancia...la experiencia es un grado. Siempre habrá adultos impermeables por los que la experiencia jamás deja huella alguna... gente intransitable.