A AMAR no SE nace aprendido.

Quienes hemos tenido con nosotros mismos una relación tortuosa que desbrozar, ordenar, amasar y recomponer, sabemos que el pulso es intestino, la exigencia y la presión son íntimas, no salpican a nadie. Uno puede ser incluso impermeable a la devoción del otro.

Las palabras de aliento, incluso los halagos, resbalan sin filtrar por sobre la carcasa, sin regar las flores, sin colmar al niño.

No buscas la aprobación del mundo, te mides a solas contigo en un marco sin coordenadas, en un espacio hiperbólico donde nada se asienta, donde la línea trazada en el muro sube y baja como la marea, sin escalas, sin referencias, con ensañamiento.

La inteligencia, sin romance, es como hablar 8 idiomas y vivir en aislamiento.

De poco sirve la lucidez sin compasión, de nada la belleza sin arte.


"¿Cómo podría no quererse una persona como tú?“ me pregunta una mujer extraordinaria. Y yo suspiro avergonzada por haber llegado tarde, o rezagada.

Porque tarde no se llega nunca a ser tu propio cobijo.

Si aquella niña no hubiera sufrido como propias las veleidades del mundo, columpiándose sin descanso entre la insatisfacción y la gloria, extasiada e incompleta, tenaz en la rumia, frustrada e insobornable...

Si la adolescente no se hubiera resistido, como gata panza arriba, a asumir sin cuestionarlo para poder parir, cada tanto, una idea valiosa...

Si no me hubiera parado mil veces, porfíada, sin fé, a comprobar las texturas, habría llegado puntual a esa vejez sin arrugas cada vez más precoz.

Sin nostalgia no hay desvelo, solo posibilidad.

Cuando adviertes que ERES el único destino, te esmeras en ser alguien holgado y luminoso, un bicho habitable. La autoimagen es pura subjetividad sin brújula, el autorretrato de un ciego, la proyección descarnada de una niña implacable que sublima tanto el mundo desde la mirilla de su alcoba, que nada se ajusta, luego, a los parámetros de su imaginación. Nada nunca es suficiente.

El primer florecer es un regalo abrumador que nos concede la vida cuando todo aún nos queda grande.

La verdadera primavera llega después, cuando dejas de querer ser, y, por fin, ERES.

Es poliédrico el tormento del animal que piensa sin permiso, pero es descomunal la recompensa.

A amarSE ,TE aprenden.

¿Entendido?