ESA SUTIL LÍNEA...

La señora me habla mientras corta a tirones los flecos deshilachados del bolso de segunda de mano que se acaba de comprar. Me cuenta que viene de hacerse con dos uniformes nuevos de cocinera porque anoche se los robaron en el hostal en el que vive. También le robaron un kilo de nueces y las gafas.

"Miserias"-añade con un gesto de hastío. Es grandota y va vestida de negro de pies a cabeza. Me muestra los repuestos que lleva en la mochila. "Una vez se llevaron el papel higiénico y la ropa de cama.. Hasta la almohada, imagínate!"- pone ojos.

Me pide las tijeras y procede a rasurar con la hoja abierta los bordes irregulares del cuero. Tiene unos ojos muy profundos. Me sostiene la mirada sin decir nada y yo resisto.

"Esto no es piel, niña, ¿lo ves?"-sentencia.

Su rostro tiene pocos registros. Solo se ríe a carcajadas cuando le digo que lo que está haciendo con las manos me hipnotiza. Me relaja tanto mirar sus manos blancas y rechonchas arrancar hilitos y manejar las tijeras, que temo que se me cierren los ojos del puro sopor. Me viene a la cabeza y le cuento una escena en la que miro extasiada desde un umbral a alguien lavando ropa en la pila de un baño. Tengo 12 o 13 años y me alojo en la casa de unos amigos de mi madre en Helsinki. La anfitriona finlandesa lava sus cosas como si amasara pan. Hace unos movimientos tan curiosos y precisos con los dedos al frotar, que yo le doy conversación solo para poder mirarla. Me quedo a un lado sintiendo marejadas de placer en las sienes y los párpados observando como

sumerge la ropa y hunde los nudillos en la prenda enjabonada...

Después exprime de agua la tela de una manera tan alucinante que me hace sentir una flojera extraordinaria en las rodillas.

Le explico el gesto. La señora me mira fijo. Ya no se ríe. Estrena el bolso rellenando los compartimentos con sus pertenencias.

Va colocándolo todo delante de mí, sobre la mesa. Sigo sus

movimientos como si fuera un péndulo. Doy gracias a que estoy sentada porque tengo la sensación de que mi cuerpo empieza a caer un poco hacia adelante de puro sopor.

"Sé quienes son los que me roban"-anuncia. Enderezo un poco la cabeza por solidarizarme con su drama.

"Pero denuncie"-contesto sin ímpetu, como anestesiada.

"Son los mismos. Cada día tengo que reponer todo de

vuelta...la sartén, el cepillo..." me enseña su mochila de vuelta.

Va impecable y su mirada es muy sagaz. Apesta a inteligencia, pienso.

Me estremezco. "Me persiguen allá donde me mudo. Después les veo caminar con mi ropa, comiéndose mis nueces... no les da ninguna verguenza, se dedican a eso profesionalmente.

Es desesperante" -Lo dice como si fuera cierto.

Despierto de sopetón de los vapores en que flotaba mirándola sobar el cuero del bolso. Otro silencio. Algo en mí cambia de postura.

La miro fijo buscando la tara. Tuvo una tienda de pieles me cuenta, cuando se cansó de que la desvalijaran dejó la tienda y cambió al rubro de cocina. Trabaja en un restaurante gallego. Me hormiguea la nuca.

Tiene plata para comprar todo lo que lleva en la mochila. Habla

inglés y alemán, lo constato. Vivió fuera media vida. La escruto mientras añado vaguedades. Me lamento por su suerte, la animo a denunciar... todo lo que surge de mi boca es un señuelo.

Hablo con el piloto automático. Toda yo busca la herida, el gesto... pregunto tanteando los límites. Dónde carajo empieza la fantasía?

Su discurso comienza a sonar conspiranoico con la naturalidad con que se rehace el moño. ¿Cómo te llamas?-me pregunta con cierta dulzura. "Cintia"-me oigo decir. De pronto tengo un miedo impreciso.

No es a ella, es a la linea que no puedo ver pero que ella cruza

delante de mis narices sin que yo advierta nada en su rostro que me prevenga. Siento un escalofrío. "Volveré a visitarte, Cintia.."..

agarra el bolsito de la mesa y se aleja sin sonreír.

r.

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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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