Se agitan los peces formando ondas nerviosas. Los miro alejarse despavoridos de la carne sumergida de mi vientre. Todo en este bosque sabe más que cualquiera de nosotros. Todo aquí respira. Embrutecido, el animal humano es con diferencia la más salvaje y peligrosa de todas las criaturas. Que viene el lobo! decían. Teme al rugido del león, al bramido del oso!..teme al mar traicionero cuyas corrientes ladinas confunden tu faro. Qué ironía!... Puedo imaginar la respiración contenida de los árboles a mi paso, el rumor del viento previniendo a las rapaces, avisando a las alimañas... silbando bajo las ramas quebradizas que ceden a mi paso y bajo mi peso por las entrañas de un bosque donde soy el máximo depredador. Camino sin rumbo, en silencio, sintiendo el arañazo de los matorrales, el frescor de los helechos, el musgo húmedo de las rocas, la corteza áspera de los árboles derrapando sobre mis caderas torpes... Invado el bosque y establezco con el paisaje un diálogo vacío. Que viene el hombre! deben susurrar las flores..que viene el hombre! se alertaran las hormigas, las enredaderas, los jabalíes, las aves, el mismísimo río alarmado al sentirme avanzar a saber con qué intención sobre su superficie. Qué pensarán? me pregunto...Qué sentirán? qué leyendas habremos dejado a nuestro paso.. Qué cuentos de aire se contaran las abejas...Qué rastro quedará en la memoria de las ballenas.. en la arena mancillada de los paraísos que nos concedieron una vez.. En la biblia de los lobos que no logramos domesticar. Siempre sentí angustia por los animales que aprenden a confiar en nosotros. No deberían existir criaturas sumisa, siquiera dóciles. No nos merecemos la mansedumbre de especie alguna. Los perros que nos acompañan y nos padecen, esos a los que amamos y maltratamos indiscriminadamente, son el nieto del último lobo que una vez nos temió. El espécimen más sumiso de la manada fue gratificado con alimento y empezó a merodearnos hasta instalarse a nuestro lado. Aquel que se resistió siguió hasta hoy alimentando la leyenda, el cuento de la fiera bestia, de la amenaza.. El ser humano despojado de alma e incapaz de identificar y respetar la belleza es FEROZ Y DESPIADADO como el peor monstruo de nuestro imaginario. No hemos fantaseado atrocidad que la bestia humana no sea capaz de cometer. Huye si puedes, no respires...escóndete, expúlsalo de tu seno, aléjanos de tus raíces Escapa, no confíes...reza porque abandone tu sombra, para que se distraiga de tu orilla, para que desaparezca de tus valles y montañas... Huye amigo, el hombre acecha.




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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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