EL DON A LA DERIVA

Admiro la SENSIBILIDAD que en muchos casos distingue a las criaturas a la deriva, ese instinto sembrado en los LÍMITES que permite al genio mirar desde su herida y SUBLIMAR LO ORDINARIO.

He tenido la suerte de vibrar a los pies de algunos FÓSFOROS, y me consta que muchas veces el espectáculo se gesta en la cumbre del desvarío, en la filigrana insensata del que sacrifica hueso para llevarte a la luna.

La belleza aguarda caprichosa en el dobladillo del tiempo que tarda en sanar la herida, para brotar luego en la huella del autor capaz de ponerle letra a este silencio...

La belleza dormita en la voz que desnuda de argumentos todas nuestras cobardías, en aquel capaz del guiñarle el ojo al desamor y captar su alma en la fotografia, en aquel que quita solemnidad al viejo lamento y hace comedia con tu tontería, que hace que te enjuagues sin tocarte el cuerpo, sin pornografia, y le canta nanas a este puto invierno para exorcizar el frío que nos desafía..

El genio se inflama y tiembla para que tu comprendas y te abrigues.

Hilvana esa bestia hilo crudo y se remienda los tajos sin saliva procurándote con su dolor un placer íntimo que no se traduce ni se explica... y al detonar su tormento, te ilumina y señala un camino.

La sensibilidad es un don y una trampa, un recurso y una esquina. Soy de las que baila con su herida, espero resistir el proceso.


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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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