EL DON A LA DERIVA

Admiro la SENSIBILIDAD que en muchos casos distingue a las criaturas a la deriva, ese instinto sembrado en los LÍMITES que permite al genio mirar desde su herida y SUBLIMAR LO ORDINARIO.

He tenido la suerte de vibrar a los pies de algunos FÓSFOROS, y me consta que muchas veces el espectáculo se gesta en la cumbre del desvarío, en la filigrana insensata del que sacrifica hueso para llevarte a la luna.

La belleza aguarda caprichosa en el dobladillo del tiempo que tarda en sanar la herida, para brotar luego en la huella del autor capaz de ponerle letra a este silencio...

La belleza dormita en la voz que desnuda de argumentos todas nuestras cobardías, en aquel capaz del guiñarle el ojo al desamor y captar su alma en la fotografia, en aquel que quita solemnidad al viejo lamento y hace comedia con tu tontería, que hace que te enjuagues sin tocarte el cuerpo, sin pornografia, y le canta nanas a este puto invierno para exorcizar el frío que nos desafía..

El genio se inflama y tiembla para que tu comprendas y te abrigues.

Hilvana esa bestia hilo crudo y se remienda los tajos sin saliva procurándote con su dolor un placer íntimo que no se traduce ni se explica... y al detonar su tormento, te ilumina y señala un camino.

La sensibilidad es un don y una trampa, un recurso y una esquina. Soy de las que baila con su herida, espero resistir el proceso.