Es inevitable dotar de ánima al rostro que te mira congelado desde la fotografía. Añadirle un registro de voz, calcularle la dimensión, la estatura, atribuirle virtudes y modos que nada ni nadie te invitó a anticipar. Es humano suponerle inteligencia a las personas que nos gustan. Engalanamos el silencio. Adornamos a placer nuestra idea del otro, la vestimos...rellenamos el misterio con material complaciente que se agarra casi siempre a una mera conjetura y creamos personajes que se ajustan a lo que nuestra realidad desea. Qué imprescindible la fantasía para creAr sin moderación, para construir desde la nada, y qué delicada la linea que lo separa del creEr. CreAr y creEr...creEr o creAr, nunca una vocal dirimió tanto. Hoy el té me sabe a pantalla superada.