Dices que llueves, que llueves de letras para adentro. Y yo te imagino fecundo...líquido...tierno. Será tal vez que los poemas que no alumbras te reciten a ti cada día. Quizás seas por derecho la obra de tus versos silenciados, el hombre escrito. Puede que se tape los ojos la poesía ante ti...y le cueste ordenarse abrumada ante esa imaginación sin bordes, ante esa voz sin esquinas que intima con las palabras, que las ronda, las chulea, las seduce y las pronuncia tal cual son, desnudas y completas. Tal vez se ruborice el verbo y bose el vaso y se derrame. Hay romance en tus maneras. Algo sutil que columpia a un niño infeliz en el pecho de un hombre enamorado. Algo febril que siembra de delicadas orquídeas el bramido de un animal que corteja. Una embestida tierna. Una cornada limpia. Una fractura en la piedra. Es torrencial tu mirada y escandalosa la fuerza con que su belleza ampara hasta el paisaje más anodino. Porque está en ti, la vuelcas tú...la proyectas incluso sobre mi, sublimando letras que tu saliva transforma. Se me ocurre, niño, que seas juntos todos los hombres y alguna innumerable mujer. Y que no pueda ese alboroto gestionarse desde otro poético lugar que no seas tú.


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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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