Se activa con un olor de paso, con una imagen aleatoria o con una palabra inofensiva que trae, sin embargo, anudado un recuerdo. Este se despliega de pronto ante mí como un castillo inflable y cambia el paisaje de un plumazo. La textura y las tonalidades del mundo parpadean a mi alrededor como un televisor mal sintonizado, y se solapan con una precisión inaudita pretérito remoto y presente de indicativo. La copa apaisada de los pinos piñoneros flanqueando este camino trasladan la secuencia a otro lugar impreciso. La insistencia del verde me arrastra a un espacio que no ubico en el que charlo con alguien a quien no recuerdo. Siento mientras sucede una euforia tambien intermitente; soy muy feliz en la diapositiva. Me consagro a los detalles. Percibo a modo de flashes temperaturas, olores y sensaciones tan vívidas que tengo que coger aire a bocanadas para gestionarlo. Es intenso. Se me ocurre que es lo más parecido a viajar en el tiempo, literalmente. Mi memoria sentimental ha quedado archivada como un burdel de diapositivas que se activan espontaneas sin mi permiso. Brotan con lo que toco, lo que miro, lo que olfateo...con los sabores aún frescos de frutos remotos. Cuando bajo cuestas con la bici y la brisa me acaricia la cara, pedalean conmigo todas mis niñas y todas mis mujeres. Es como si recorriera pendiente abajo la secuencia completa de mi vida fotograma a fotogramas y las sintiera a todas ellas suspirando al unísono el mismo placer. Parpadean a mi alrededor los edificios que ya no existen, y brota de pronto el campo en las aceras… Y soy una niña en bikini o una mujer en invierno…y se suceden canciones y sintonizo bullicios viejos… Hidrato las hojas secas y recupero nítido el momento que ilustran en sepia algunas fotografías . Confieso de paso que viaja conmigo el sabor de todas vuestras bocas.