DESPEDIDA AMBULANTE

Me persigue.

Es una despedida ambulante que no cesa, que camina detrás de mí como un perro abandonado al que no sé ahuyentar a voces.

No cerré esa puerta, no velé ese muerto, no enterré esa idea, no me despedí.

No quiero ser tu escarmiento.

Rebobino y vuelvo a la viñeta primera. Fui consciente. Nunca me distraje de saber que caminabas distinto, que discernías en claves familiares, que entendías sin esfuerzo las incógnitas, que observabas todo desde las profundidades de la misma sima y recibías mi escucha con idéntico apetito..

Todo era obvio y fácil porque la dificultad estaba solo en el plano prosaico de las cosas que se arreglan.

El tiempo y el espacio son mero suelo, pura tierra…no se adapta la magia a los rigores de un calendario, ni caben los sueños en los límites de un mapa.

No hay agenda que condene el milagro de amar. Todo es andamiaje cuando se acepta el desafío.

El deseo solo sabe construir.

Rebobino y vuelvo sobre la certeza de que empastamos al toque como un coro de voces con siglos de ensayo.

No hubo dudas. Yo dije sí y te escuché sentir lo mismo.

Nos rescatamos del NO en el mismo preciso instante, en una fabulosa sincronía que presagió justo ese tipo de futuro que no entiendo pero que intuyo.

Advierto ahora, por patético contraste, la alarmante belleza de aquella realidad mayúscula, arriesgada y prometedora como todo lo que es cierto.

Te dejé entrar, es indiscutible. Que me abriste la puerta tampoco admite duda.

Me he dado cuenta de que solo encuentro sosiego donde no encuentro duda. Nada me distrajo nunca de ti. No encontré excusa.

Rebobino y siento tu cuerpo cobijarse en el mío durante aquel breve trayecto de taxi que nos llevó al último fotograma.

No nos vimos más. Nadie supo que aquello era una despedida. Acepto el castigo.

Pero me niego a ser una lección de mierda. No seré yo quien disuada a un hombre honrado de amar

descaradamente.

Me despido por fin agradeciéndote en voz alta aquel despliegue.

Soy consciente hasta el tuétano de que pusiste en mis manos cosas sagradas. Me reverencio y te brindo una vez más todas mis letras.

No necesito que ocurras, ni te pido que vuelvas, me basta con que entiendas que, aún siendo mi propia rehén, fuí también toda tuya.

Y que ha sido en el impulso de correr inútilmente detrás de ti que se ha roto por fin la cuerda.

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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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