CONFIESO UN LATIDO NUEVO

No hay nada que entender. Solo siento a raudales el placer de recibir. Confieso un latido nuevo, un baile torpe de ideas, un torbellino crucial de ganas, y un rosario de dudas claras e imponentes que no le restan ni un ápice de belleza a este delirio. Siento en mi secreto un pellizco de amor temeroso que amaga, golpea y no se extingue...un dolor tierno que me alecciona como una enciclopedia viva, sin gobernarme. Nada se instala. Todo gravita a una distancia incierta de mi merodeando, sin tocar, todos mi puntos cardinales. Algo hermoso se asienta como una certeza nueva sobre la que construir la siguiente historia. No me canso. Recompensa. Arraiga aqui, en mí, donde reposo y espero ya sin prisas. Se acabó luchar por y contra. Siempre es nunca. Construyo intimidad en cada esquina e invoco, como una liturgia, el amor. Lo atrapo y te lo entrego como un gorrión amaestrado. Abro las manos y no escapa de mí. No eres nuevo, no soy nadie.. Y basta arrastrarte de la mano entre la gente para que cruces la línea que nos cierra la boca. No me presento, solo sonrío. Me reconoces al toque. He aprendido a algodonar las esquinas del mundo, sé que te sientes tranquilo y que jugarás conmigo. Ya no siento resaca.

Sé invocar el amor, sé recrearlo. Sé contagiarte y que no duela. Sé crear intimidad donde las rocas, sobre el asfalto, sé enamorarme de la esencia y calentarme muchos días con las ascuas del pecado que cometo a consciencia contigo. Confieso una alegría poderosa cogida con alfileres. Un tifón misterioso que desata el presente de los garabatos de la memoria en que algún recuerdo plomizo sobrevivía. Torbellinos de esos que se llevan todos los sombreros, que borran del suelo los trazos con que mi cara había quedado desdibujada en la arena. Bendito huracán que me aísla del roce y del tiempo y que me permite recordar distinto, sin añoranza, pronta para descalabrarme de vuelta en cualquier dirección que merezca una sonrisa.


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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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