Somos consumidores cautivos: inconscientes o consentidores según el grado de informaciòn que nos llega o rastreamos. Desde chiquita me contagié de la manera en que mi madre dejaba los asuntos "en remojo", sin vehemencia, poniendo en solfa las doctrinas como quien deja la fruta deshidratarse. Pongo en remojo casi todas las tendencias y experimento entretenida con las cosas como si nadie me hubiera advertido... somos consumidores cautivos. Aceptamos a diario como un credo un rosario de pamplinas, y lo hacemos con la ingenuidad natural de un hijo que confía en su padre.

Aún me acuerdo de mi abuela Beatriz sentenciando: "eso es verdad porque lo ha dicho la tele"... y me entra una ternura amarga, porque mi abuela y sus límites quedan a años luz de la gente que aún hoy, fresca y capaz, no se cuestiona nada. Me moriré llevándome conmigo acaso una sola certeza, pero será mi conclusiòn, la mía, macerada en los jugos de mi propia experiencia. Acepto el riesgo de equivocarme porque aspiro a la vida. Buscar tus propias respuestas es el único camino. Escribe tu propia biblia.



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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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