Somos consumidores cautivos: inconscientes o consentidores según el grado de informaciòn que nos llega o rastreamos. Desde chiquita me contagié de la manera en que mi madre dejaba los asuntos "en remojo", sin vehemencia, poniendo en solfa las doctrinas como quien deja la fruta deshidratarse. Pongo en remojo casi todas las tendencias y experimento entretenida con las cosas como si nadie me hubiera advertido... somos consumidores cautivos. Aceptamos a diario como un credo un rosario de pamplinas, y lo hacemos con la ingenuidad natural de un hijo que confía en su padre.

Aún me acuerdo de mi abuela Beatriz sentenciando: "eso es verdad porque lo ha dicho la tele"... y me entra una ternura amarga, porque mi abuela y sus límites quedan a años luz de la gente que aún hoy, fresca y capaz, no se cuestiona nada. Me moriré llevándome conmigo acaso una sola certeza, pero será mi conclusiòn, la mía, macerada en los jugos de mi propia experiencia. Acepto el riesgo de equivocarme porque aspiro a la vida. Buscar tus propias respuestas es el único camino. Escribe tu propia biblia.