Amo el movimiento, el avance de caderas, la nota que disloca y quiebra la línea, el giro que tensa la curva, la vibración intensa, la energía desbocada del cuerpo que habla a voces, el ego templado, la anestesia, la fuerza inaudita de la música, la belleza rabiosa del movimiento liberado de historia, experiencia o memoria...

Solo el quiebro instintivo, la locura, el ritmo y el eco....

Cuando eso me pasa lo demás no me importa...ni el desfile de carcasas, ni los días vacíos, ni las miradas encriptadas, ni los discursos, ni las persianas rotas, ni los camaleones, ni las actrices, ni los domadores, ni las urgencias, ni los trenes rezagados, ni los viejos amigos, ni las falsas alarmas, ni los pasajes repetidos...


Solo avanzo hacia la nota hipnotizada por la magia.