Distingo el movimiento eléctrico de algo vivo atravesar la cubeta y retiro por instinto la mano del grifo. Vislumbro una sombra minúscula y escurridiza escondiéndose entre los platos sucios de la última cena. Levanto un vaso y me encuentro con ella.

Al saberse descubierta gira el pescuezo y me mira directamente a los ojos, fijamente, como si supiera que de mi reacción y de sus reflejos depende su suerte. También yo la miro un buen rato sin moverme del sitio. Sopeso la estrategia, arrimo la mano, reculo un par de veces y finalmente agarro un trapo. Evitar el contacto directo con su piel nos aligera a las dos el trance.

Con sumo cuidado la traslado al pollete de madera maciza que bordea el balcón. Se aferra rápidamente a la superficie, avanza un buen trecho, para un rato, reanuda el paso y de pronto, contra todo pronóstico, se despeña varanda abajo en la siguiente esquina.

Nunca había visto a una lagartija caer al vacío. Pensé que estaban diseñadas para abrocharse a la vida. Una idea me asalta: ha muerto de MIEDO. Imagino el estrés del animal, la amenaza incierta de mi sombra merodeando su cielo, su cuerpo, su corazón. La sombra proyectada de un objeto puede ser mucho más alta que el objeto en sí. El miedo multiplica la talla de todos los riesgos, y a veces para entender la verdadera escala de nuestros temores solo hay que ponerse de pie y comprobar que miden la mitad. El miedo puede llenar de señales de alarma un panorama exento de peligros. Exacerba inseguridades, nos siembra de dudas, alimenta suspicacias, altera la perspectiva y nos hace perder la objetividad. Tb puede secuestrarnos, defendernos de un mal que no existe y llenarnos de ansiedad ante la mera hipótesis o una remota posibilidad. Es el covid19 la mayor amenaza para nuestras vidas? Tengo mis dudas. En cualquier caso vivir en pánico ni soluciona ni ayuda. Los inputs que recibimos a diario son alarmistas y provocan una profunda sensación de impotencia, desesperanza y vulnerabilidad. El miedo inflama, enferma, debilita, aliena e inhabilita. Formatea nuestra mente hasta convertirnos en rehenes de un espejismo, de una vida sin ventanas. Despojados de confianza sólo somos globos al aire. Súbditos. Sin rastro de autonomía, criterio o amor propio somos becerros pastoreados por un mercado feroz, consumidores obnubilados, sujetos sin voz. Y ahora estamos menos que nunca en nuestras manos. Entrenados en la obediencia, ponemos nuestra sagrada vida al servicio de un capital, de un interés, de una estrategia. Y no queda NADIE en pie dentro de UNO MISMO que se acuerde de honrar el tiempo y las posibilidades con que fuimos bendecidos al nacer. Atemorizados somos solo pasto, ganado consumiendo ganado, vacas locas en el futuro plato de un depredador desdentado que ya no siente ni padece. Resuena en mi cabeza un refrán mexicano: “Si te toca, ni aunque te quites.. Si no es tu momento, ni aunque te pongas” QUÉ estamos dispuestos a sacrificar para no morir…? LA VIDA MISMA? qué eliges: AMOR o MIEDO? No existen más opciones. No es mejor morir que vivir aterrorizado? Mi amor acunó a mi padre en aquellos dias aciagos y eternos de hospital. Aprendí los misterios de la alquimia del amor...lo paliativo que puede ser la presencia consciente, el calor de unas manos o la ternura de una voz. El valor de un susurro en la oreja dormida de mi padre ausente. No es precisamente la eficacia del amor lo que hay que subestimar. Nada nunca me consoló más y mejor que los dedos analgésicos de mi madre recogiendo sin descanso el mismo desordenado mechón. Nada me protege de morir, pero este amor desencadenado y lúdico es un homenaje a la vida, una decisión. Cumplo 42 años en México, en plena cuarentena, confinada con la horma de mi zapato. Soy la mujer pronosticada? soy la mujer que auguré? Solo sé que soy de largo la versión más habitable de todas las mujeres que fui hasta el dia de hoy. Y elijo AMOR.