La primera vez que tiré del hilo se me calentaron las mejillas. Sentí una puntada en el vientre, un pellizco sin dedos que me prensó las tripas un par de minutos largos como días de laburo.

Tenía aún huellas de cama en la memoria del día, resaca y pereza de cuerpo engustado, respingos de cabecita sucia evocando pornografías tan recientes que aún sentía el detalle, la huella y el hueco. 

Soy un gato. Tiré del hilo. 

Lo enganché por instinto y lo arrastré sin intención de un lado al otro de la mañana, deshilvanando a mi paso un burdel de secretos sin tapadera, obvios e incuestionables como el amor de una madre.

Hay puzzles que toman meses. Esto fue como los circuitos de un millón de piezas que ves caer vertiginosamente delante de ti en dos segundos.

Desde que acaricié la superficie de la primera ficha hasta tocar hueso, medió el impulso vago de tirar de un hilo.

Tras el telón recogido, las ascuas de otros fuegos.

Sobre el escenario desnudo, tu corazón secuestrado.

Prendida al hilo: otra historia, otro besos, un cristal plagado de huellas.

En mi vientre, un dolor seco.

Sentí tristeza. Tristeza amarga por mi pecho sin armadura, y tristeza triste por tu amor cautivo.

Una vuelta de hilo de pescar en los tobillos basta para atar un corazón a la otra orilla. Conozco el peso de las piedras que arrastro. Cada cual es responsable de su propia condena.

Soy un gato, no un ovillo. No entretengo.

A estas alturas del cuento, todos tenemos pasado.

El mio es rico. Un jaleo.

Pero no voy dejando rescoldos, ni soy rehén de ningún duelo. Tengo mis deberes hechos. Me gusta llegar ligera a la siguiente parada. Es vicio. No sirvo para quedarme atada a nada que me quede lejos.

Solo quiero morderte la nuca, incendiar tu bosque y bailar contigo sobre los tejados hasta que se extinga el fuego.

Aún recuerdo tu mirada despierta, la complicidad de tu cuerpo y esa desesperación tan nuestra que sembraba los polvos de morbosas señales de auxilio.

No sé eludir ese afán desesperado por vivir a que huelen los poetas muertos. Salto de cornisa en cornisa sin echarle cuenta al vacío. 

Soy un gato. La segunda vez que tiré del hilo el hilo tiró de mi.

Me queda una vida.



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Se dice HACIENDO.

Depredadora de verbo

transigente y copulatorio.

Adicta a la posibilidad.

DESOBEDIENTE.

" Tengo tanta gente dentro, tanta gente ruidosa y distinta, que es imposible ser a secas la que suscribe.
Soy a ratos un chico hipnotizado por la eficacia con que una mujer se maquilla sin espejo en el vagón del tren.
Soy la tendera joven de brazos firmes y manos curtidas que me parte la sandía en dos con una sonrisa traviesa... y la vieja extranjera que espera melancólica su turno.

Soy la cría que se aburre del verano en la parada del bus y los cangrejos capturados por el cubo rojo de un niño inmisericorde.
Soy esa tipa preciosa que justo se pierde en la esquina mientras camino en sentido contrario...y el chico que viste de pies a cabeza todas las ganas de besar del mundo.

Soy la madre del bebé simpático que me tiende la mano despistado por el ruido...y el tipo sucio y solitario a cuyos pies se arremolinan las palomas.

Soy la chavala que llora en la sala de espera mientras soba sin resuello la pantalla del móvil....y la que emerge de mí como un fantasma para acudir a abrazarla sin moverme del sitio.

Soy mucho rato el muchacho joven que camina con dificultad, convulsionándose casi a cada paso, grotesco...y soy también la asesina en serie de todas las miradas de compasión que despierta, incluida la mía.

Soy casi todos los ancianos del barrio, silenciosos y resignados.. y la puta desafiante que me devuelve como un boomerang la mirada, tirándomela encima como un café caliente.

Soy el escritor de la novela que leo aborrecida y la mujer que se siente insignificante junto al marido que me mira sin rastro de verguenza. De hecho soy mucho más ella que yo misma, y puedo detestarme desde sus ojos mientras la miro de lleno, sin parpadear, ajena al imbécil que la acompaña.

Soy el hermano mayor que no logra recuperar la atención destinada al bebé rollizo que la madre mira embelesada...y la señora clonada sin rastro de identidad que nadie mira porque no existe.
Soy mi padre mientras siento el mar mojarme las pantorrillas.

Soy un dial de radio que no acaba de sintonizar nada pero que repasa sin descanso toda la programación, un millón de conversaciones interrumpidas, el sonido desordenado de la vida de los otros haciendo eco en un cuerpo deshabitado."
 

- Andri Castillo Söderström

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