La busco al fondo de unos ojos desorbitados que han quedado petrificados en una expresión de puro espanto. ¿Cómo puede un cuerpo ser tan poco de sí mismo, de su dueño? ¿cómo puede una alma tan bella haber quedado sepultada en este semblante grotesco que se desgañita por decir sin poder? La busco, busco su rastro...trato de recomponer sus gestos con la memoria, recogerle la cara con las manos para devolverlo todo a su lugar, reconocerla.

Es imposible.

Ella está ahí, sin embargo, al final de un hilo, al fondo mismo del desorden de su cuerpo, como una moradora invisible que hace señales de humo cada tanto, atravesando su carne y mi corazón con palabras arrastradas que son más ruido que verbo.

Ella entiende y sabe. La idea me acuchilla.

Su conciencia es relativa, me digo. Algo impronunciable la amortigua, lo percibo.

Sería imposible soportar esto que miro si la mujer que conozco lo encarnara sin atajos, sin ese lapso de segundos en que parece que abandona el mundo y se abandona a ella...

Es como si el esfuerzo constante por existir de esa manera tuviera como contrapunto necesario un apagón de segundos que resetea al animal desconectándolo del mundo.

Juraría que su mente juega en otra liga-me insisto-que su percepción es necesariamente más generosa, o distinta, o tramposa...que falla o esta rota aunque yo no distinga bien la avería...aunque ella sepa quien soy y responda con una esfuerzo monumental a cada pregunta objetiva que le hago. Algo profano o divino la atiende y la deconstruye de alguna manera, algo que no existe, algo sin nombre que la exonera de comprender y por tanto de sufrir con detalle esta tragedia. Está ahi...justo en lo que la sostiene, en el milagro incomprensible de que acepte esta barbaridad. Eso me digo, pero no me lo creo. Procuro no mostrarme indecisa ni asustada, no hay desconcierto en mis maneras, le hablo tranquila.

Me arremango y me contengo. Me lloraría horas encima, sin embargo. No me atrevo siquiera a guardar silencio. Hablo. Pasan un par de horas en que el tiempo se estanca en una conversación sin palabras, sin acentos, sin que el pasado inmediato se interponga, sin que el futuro se asome, sin escala, sin fondo, sin medida..

La palabra era su talento, su remiendo, su manera, su conquista...

Ella era su voz, su carcajada, su descaro, su sonrisa...la hermosa diva que bautizada las sobremesas con rancheras y tangos, coplas, baladas y café...recitando sin erratas a los poetas uruguayos, a los viejos del flamenco...la reina infinita de todos los mambos.


Me doy cuenta. Tampoco hay ya música de fondo.

Por primera vez no hay música aquí donde nos miramos.

No recuerdo un solo día en que este torbellino no cantara.

Se conoce al dedillo miles de canciones en idiomas que no habla ni entiende, es un archivo andante de la música de todos los tiempos. Su vida ha sido un estribillo.

“No tengo ganas” entiendo al cabo, "No tengo ganas" repite con sumo esfuerzo.

Y aterrizo de nuevo de una hostia en la mano agarrotada que acaricio. Vuelvo a acariciarle la cara. Distingo un llanto en el mapa inconcebible de esa cara nueva, en su voz desencajada...y me sobrevienen las lágrimas con la violencia de una arcada.

"Lo siento", le digo sintiéndome insuficiente y estúpida…."tranquila"...

"te quiero"..."paciencia"…

pero el dolor se traga mi lengua un buen rato y me quedo muda. Solo le aprieto la mano y me enemisto con la vida. Siento y pienso cosas que no tienen cabida en estos renglones de mierda que no quieren, con los que no me atrevo. Recuerdo en la boca de mi madre el rastro de una rumia que yo me sigo haciendo: ¿qué hace que la vida se ensañe así con algunas personas? ¿cómo se explica que alguien bueno reciba un trato semejante?...que el destino sucio se le encone, se retuerza y la torture…¿quién se merece esto? ¿cómo se acepta?...¿a quién le preguntas…¿a quien le exiges, le pides y le ruegas?

Tengo el teléfono minado de videos y fotos de las pasadas navidades, ahí aún posa radiante y esplendorosa. Escucho con claridad en mi cabeza alguna socarronería...y las carcajadas graves y rasposas en su voz de ex fumadora impenitente.

He conocido a pocas personas tan coquetas, tan seductoras, tan cachondas, tan vivas…

Me detengo en detalles que me detienen. Su melena de leona ha menguado casi tanto como su presencia. A veces pienso que sobrevivir a algo así es la oportunidad más ingrata de puede procurarte la vida.

Me hace daño pensarlo.

El derrame no fue devastador, el hematoma ha desaparecido, no hay justificación médica para tanto descalabro.

El misterio siempre desbarata cábalas y teorías. Seis meses ya desde que pasara el infortunio y aquí estoy, recién aterrizada, frente a la mejor amiga de mi madre, conteniendo el aliento con una sonrisa de mentira en la boca, consciente de que no somos en realidad nosotras lo que está sucediendo.

Recuerdo, cómo no, la pesadilla que vivimos con mi padre. La vida se puso brava y después nos concedió tregua. Vivo como si las ascuas de aquello me recordaran cada minuto que este lujo son dos días.

La abrazo. Aquí no hay bromas, ni guiños, ni música ni risas, ni otra cosa que no sea esta irrealidad macabra que afronto con un respeto que no alcaza techo. Se me viene el mundo encima mientras le cuento y le aconsejo y tiro de un hilo sin fuelle que me deshilvana entera.

"Hay esperanzas" me dicen luego...yo la abrazo, la beso, le sonrío y me despido.

Su único hijo la atiende con un amor que, de desesperado, parece hasta tranquilo.

Tantas fiestas...tantas…

y ella cantándolas todas.

Bajo la escalera llorando a moco tendido. No he querido que me acompañara mi madre.

Entiendo que no sepa, que no pueda, que le supere, que se disperse, que hasta se extinga…

Lloro de camino a casa, cruzando los ultimos olivares...siento y pienso cosas que estos renglones no pueden contar.

Escribo un mensaje claro sin embargo, que envio sin titubear: si algun día te enteras de que ya no sé o no puedo bailar, ven a buscarme y quítame la vida.

Sin remilgos, por amor. Solo eso te pido. Nada más. De lo demás me ocupo yo.


Prometo atravesar los mapas y encontrarte donde estés para acabar contigo si me entero algun día que te han cortado las alas.

Solo eso.